Miro la palma de mi mano, está llena de líneas, de surcos que se entrelazan, se cruzan, se difuminan unas con otras. Ahí está escrito mi destino. Del que soy amo y señor, del que estoy atado.
Se encuentra la línea de mi vida, larga corta, cómo sea. La línea del amor, con esas relaciones pasadas llenas de recuerdos y poesía y esas relaciones futuras llenas de sueños e ilusiones, donde se puede leer hasta mi número de hijos y si entrecierras los ojos hasta el de nietos, la línea del dinero mostrando con claridad la hipoteca, los periodos de
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