A las 2:30 pm decía la servilleta que me dejo sobre la mesa del restaurante en que nos veíamos una vez al mes y que nadie más que los dos lo manteníamos en la más hermosa clandestinidad. Me desplace relativamente tranquila, tenía en mente pasar a ver a mi hermana para contarle mi travesura, pero se me haría demasiado tarde, asi que procuré avanzar hasta el motel que quedaba en la panamericana Sur. No sabía si ingresar caminando por si alguien me sapeaba para que creyeran que entraba a buscar trabajo o llegar en un readiotaxi con vidrios oscuros como
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