Luego de cambiar algunas rupias indias y después de pagar un pretaxi con destino al MAIN BAZAR, con la idea equivocada de que encontraría un hotel libre a media noche, me dirigí a la salida del aeropuerto y me encontré envuelto en el mundo más extraño que jamás hayan visto mis ojos. Miles de rostros furiosos y confusos aguardando a turistas o a alguien, jamás había visto tanta gente. Eran miles, luego la noche, y ese olor, que no se cómo describir, un olor penetrante que se metió en mis narices y ya no pude olvidar. El tráfico de la
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