La sentía tan cerca, la
miraba con la espalda. Estaba detrás mió, lo sabia. Su llegada fue la salvación
de mi cabello. Tenía mil ganas de darme vuelta y gritarle lo mucho que la extrañaba, pero
estábamos en un auditorio y mucha gente nos rodeaba, además mi valor estaba
deteriorado por su ausencia.
Cómo podría expresarle que ahora, este humilde animal de costumbres, era más
fuerte, y que aún así, la seguía extrañando en mis ratos libres.
No la había visto, pero escuchaba los suspiros de su voz, era ella, no había
ninguna duda, era Sofía la que
torturaba mis
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