Mientras
su mano derecha se dirigía con el vaso hacia su boca, la otra agarraba un
cuchillo, que afilado, miraba y apuntaba su corazón, justo allí, donde se siente amor.
Era
Octubre y se despertó con ganas de observar inútil e impotente la recuperación
de Marcela. El hospital quedaba a tres cuadras de su casa, y ese día, como
todos, Joaquín se levanto de su cama con esperanzas, se baño y salio a comprar
los girasoles que no podían faltar en la jornada. Casi siempre mientras caminaba,
cantaba improvisadas canciones que se suicidaban entre el afán de los peatones;
pensaba
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