Mis dias de universidad por allá en los años 80 coincidieron con el nacimiento y popularización de las computadoras personales.
Algunos ya podíamos desarrollar, ejecutar y corregir programas cualquier dia de la semana en casa, en vez de hacer las largas filas en los abarrotados terminales de la universidad. También podíamos despedirnos de las máquinas de escribir y reglas de dibujo y reemplazarlos con las más poderosas (aunque incipientes) herramientas de productividad: procesadores de texto, hojas de cálculo y paquetes gráficos.
En esos dias especulábamos sobre el siguiente paso: la desaparición de los libros impresos y su reemplazo por libros
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