fue dejarse llevar más por sus escrúpulos, hermosos escrúpulos, pero muy poco prácticos, que por sus deseos de quedarse en la roja.
Frente a las opciones de vida de seguir con un proyecto intenso y querido o de renunciar a él , no buscó una opción política de eludir la torpeza de los dirigentes del fútbol y su mediocridad sin remedio, demostrada una y mil veces, en una actividad en que el mercantilismo y la corrupción abundan.
No quiso elegir su proyecto, por su intolerancia a la manipulación y al engaño, quizá demasiado radical.
El perdió y todos perdimos.
La
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