Son meses y meses de concreto, y el bosque,
que no para de llamar. Son meses y meses de una angustia que desaparece con la
primera pisada distinta, aquella que cruje en un manto de hojas secas, de
millones de años el manto y con millones de años más. Entiendo mi solitaria
andanza como una búsqueda personal, pero en el andar, me encuentro bobo, al
creer que en el bosque se podría encontrar la soledad.
El coro de altura, con silbidos y panderos
florales, el sonido del viento y de mi cuerpo acelerado. La escabullida de un
cocodrilo del tamaño
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