Debo confesar que no soy amigo de tener muchos panoramas luego de salir de la oficina. Prefiero llegar a mi casa tranquilamente, cambiarme de ropa, tomar once, regalonear un rato largo, escuchar música, leer algún libro o revista, manifestar mis intenciones de jugar a algo en el PC, y llorar desconsoladamente porque ya estoy grande para eso... en fin.
De todos modos, estando en Santiago mi rutina no cambió mucho, salvo que esta semana estoy con mi novia de visita, y luego de estar en la casa casi todo el día, lo que más quiere es salir.
Así, ayer por
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