Es cierto: mi experiencia con los video-juegos se limita a las innumerables tardes que pasé jugando Pong o Combat en mi Atari 2600, a al Mario Bros que se jugaba en un portátil de Nintendo a dos ventanas. Es decir: soy un viejo.
Y claro, desde esa perspectiva todo lo que se comenta actualmente sobre cómo los video-juegos pueden impactar el mundo del conocimiento, el training, la educación, el marketing, etc. me parecía un asunto entretenido y modernillo, pero finalmente no había tenido jamás la experiencia corporal de apreciar su enorme potencial en todas estas áreas. Pero hace un par
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