Con algunos hijos ilustres de La Buena Vida fuimos hoy al Pipeño con el fin de capear el calor que arreciaba en la canícula y nutrir nuestros infinitos apetitos.
Habiendo juntado sed y hambre a conciencia y con disciplina, nos instalamos a bajar un clery o borgoña o ponche o como le quieran poner, que era de pipeño con durazno. Heladito y dulce; bien festejoso.
Para picar pedimos una pichanga. Cuando nos preguntaron si queríamos de medio kilo o de kilo entero supe que iba a estar difícil la cosa. Llegó dividida en dos fuentes como esta:
Venía con arrollado,
... Leer más