Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a
estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera
de la mano. Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que
humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas
las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los
tiempos de la amnesia obligatoria.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda
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