El
despecho esconde sus contornos, huye con la ansiedad y se trasviste.
No lo
descubres en seguida, no lo sientes taladrar en tu voz pero ahí está.
El
despecho es una venganza truncada. La foto arrancada de la pared y la canción
desesperada en la radio vecina.
El
despecho es más que un corazón roto, es una grieta en la pared, es la guarida
del lobo.
Se
metastásea y serpentea entre tus órganos, confabula contra tu cordura.
El
despecho no es el dolor, el despecho es una noche llena de ceniceros.
El
despecho es tu enemigo, es el que bloquea
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