En agosto pasado, el egipcio Tareq Abdel Rezeq Hasan, profesor de kung-fu, entró en la embajada de Egipto en Pekín, pidió hablar urgentemente con el embajador y, cuando lo tuvo delante, le confesó: "Ya no puedo más. Trabajo para el Mosad y estoy harto de ellos. Quiero viajar con mi esposa a Arabia Saudí. Allí, los israelíes no me encontrarán".
Hasan puso así fin a una rápida y fulgurante carrera de espía a las órdenes de los servicios de inteligencia israelíes que le hizo viajar mucho y le proporcionó unos significativos ingresos extraordinarios. Los detalles de dicha carrera se han
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