Ya no sé que soy, mi amor.
Una vez me llamaste ángel. En caso de que lo fuera, sólo podría ser el Caído.
El Caído ante tu cuerpo y tu coño sagrado.
El Negro Ángel de pene pétreo que destila un humor pegajoso. Que te cubre y penetra.
No sé que soy, pero no soy bondad.
He gritado tu amor y he ofendido a deidades malditas y benditas anteponiéndote a ellas y a los que mueren y sufren. A los que ríen y gozan. Sin sentir pena por nadie, sólo indiferencia.
Sus cuerpos son el suelo en el que afirmo
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