Miraba extraviado por la ventana, la vista
perdida en las nubes, en el cielo, en lo invisible;
la mente más extraviada aún, yendo de un lugar a otro, de una imagen a otra,
como si presenciara la interminable sucesión de fugaces películas que
hacían que el sentido lógico se alejara cada vez más del meditabundo estado.
Lloraba amargamente unos minutos, reía sin límites a continuación.
Permanecía quieto en absoluto silencio,
luego, gritando desquiciadamente, caminaba tres metros para acá, tres metros
para allá,
como buscando algo… probablemente un poco de serenidad e inspiración.
Le afectaba no saber nada, le afectaba la
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