Es como si mil bocas mordieran
nuestra piel, nuestras cabezas tapadas y las telas que cubren nuestros ojos y
boca son la única barrera contra la plaga de arena que se cierne sobre nuestros
cuerpos.
Arena amarilla en un desierto
infinito.
Luchamos y llegamos a nuestra
ciudad, la tormenta parece entender que ha perdido esta batalla y cesa tal como
llego, poco a poco la gente regresa a la calle, todo parece volver a ser lo que
siempre ha sido y será.
Nos ven y todo es felicidad,
gritos nos rodean por todos lados, regresamos, victoriosos.
Sai-Alin, nuestra ciudad, nos
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