Más importantes que las aptitudes son los motivos y
el interés que mueven a estudiar. Pero no vale cualquier motivo. Algunos tienen
poca consistencia y, aunque parezcan importantes, no son lo suficientemente
fuertes como para fundamentar un aprendizaje eficaz. Esos son los denominados
motivos secundarios.
Cuando una persona estudia como medio para conseguir
premios, evitar castigos, vivir mejor, sacar buenas notas, obtener un título,
lo hace impulsada por una motivación secundaria, extrínsica o de rango
inferior. Pero cuando la actividad de estudiar gusta por sí misma y se busca
como fin, como forma de cultivar la mente y desarrollarse, la
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