Yo quería vomitar -no soporté seguir mirando el espectáculo-
que la tragedia en sí misma desborda.
Tenía que cerrar los ojos para entender algo de lo que estaba pasando, para
no ver el rostro –que un brutal camarógrafo metía encima del rostro de una
madre que grita el nombre de su amado hijo, muerto quemado, apretujado contra otros
como si fuera un animal: “así murieron todos grita”.
Yo quería vomitar, porque ese camarógrafo, ese reportero,
ese editor “ausente” y la desidia de ese director de prensa, se me asemejan a
la mano de un pedófilo metiéndose en la vagina de
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