Al llegar a casa encontré sobre la mesa un recipiente repleto de tentadoras frutillas recién cosechadas, según pude comprobar, al no encontrar ni siquiera una hoja marchita.
Frutillas de Tulumba, pregunté con cierta incredulidad. Seguidamente tomé la cámara y comencé a sacar fotografías, porque era una imagen espectacular la que tenía ante mis ojos.
Mientras más las observaba, crecían mis dudas y asomaron estos dos nuevos interrogantes: dónde se encuentra ubicada la plantación y cómo se realiza la producción.
Supongo que será interesante visitar el establecimiento para aprender un poco más sobre esta novedosa actividad en la villa ¿Me invitan?
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