Gianinna está en una salita de baldosas salteadas que sirve de lavadero a la familia. Se mantiene ocupada echando parsimoniosamente a la lavadora la ropa que se amontona a sus pies.
Cuando tiene entre las manos unos desgastados bluyines, oye salir una música desde la cocina. Arroja los LEE sobre la ruma y dando cinco pasos se asoma a la cocina donde su esposo Paul mira la pared aún con las manos posadas sobre la radio.
-Es linda esa música-le dice ella-. Me recuerda la de supermercado que me genera un estado como de relajamiento.
Paul sonríe, coge una tostada
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