Vivía en un pueblo costero a
cincuenta kilómetros de Barcelona, cada día cogía el tren para desplazarse a su
puesto de trabajo, era enfermera de un gran hospital, tenía cuarenta años,
casada con un hombre quince años mayor, no habían tenido hijos y su vida
transcurría tranquila y a la vez monótona, se había volcado mucho en su
trabajo. Tenian una casa con un gran terreno y su marido se pasaba la mayor
parte del día ocupado cuidando de sus verduras y hortalizas, era agente de
seguros y su trabajo le dejaba mucho tiempo libre, la mayoría de cuestiones las
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