Uberto se estira en la cama, en un gesto demorón y gozoso. Luego, chazquea los dedos y aparece, corriendo desde el comedor, un armario que dobla sus largas piernas de nogal para que el hombre pueda retirar de sus despensas -ahora abiertas de par en par- un vaso con hielo y bourbon.
-¿Espero no haberme retrasado demasiado esta vez, señor?-le señala el mueble.
-No demasiado, Large-le contesta el dueño de casa, y agrega-:Puedes retirarte.
Comienza Uberto a tantear la colcha en busca del control remoto del televisor cuando, a los pies de la cama, lo descubre, tirado en el piso.
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