Por JAVIER MEMBA
Decía Luis Buñuel que el surrealismo fue
un movimiento "poético, revolucionario y moral". Todas esas cosas fue su
principal artífice, André Breton. Acaso más considerado como el
defensor de la ortodoxia surrealista que como escritor, aunque Breton
sólo hubiera sido el guardián de aquella pureza hubiera bastado para que
mereciese la admiración de cualquier amante de la literatura
heterodoxa, pues el surrealismo, además de poesía, revolución y ética,
también fue una de las grandes subversiones culturales -si no la más-
que conociera el siglo XX.
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