Por Julio Lorca, mediador
Luego de llenar
los buses de expectativas y aprensiones, salimos de Santiago y enfilamos al Parque Nacional La Campana, donde nos
esperaban nuestros futuros
yo para encontrarse con las transformaciones
propias del contacto primigenio, natural y poderoso, de la mano amorosa de
nuestra madre tierra.
Sacarse la ciudad siempre cuesta, se piensa imposible, se
adelanta complejo; pero al poco andar, la naturaleza nos envuelve, nos aquieta
de apuros ficticios, nos nutre de urgencias de ser, nos acoge y nos mece al
ritmo del viento en las palmas milenarias.
La primera noche aún se escuchaban
los ecos
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