Cuando Juan Manuel toca el suelo, en las afueras del edificio donde vivía, el suelo está haciendo cualquier cosa para evitar ser tocado. Se sacude frenético, como un epiléptico desenfrenado en pleno ataque o como Elvis en los 50's. Las cosas se precipitan en su afán de contener al suelo, de mantenerlo en su lugar, mientras la superficie se arranca, esconde su cabeza en las profundidades, crea para el efecto nuevas profundidades... la gente corre, grita,salta, chilla, si bien la mayoría para de hacerlo en cuanto se sitúa bajo el umbral de una puerta. No falta el pelotudo que se
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