Acaba de terminar en la TV por cable una película de James Bond. Interpretada por un añoso Roger Moore. A menudo las exhiben en el canal Golden Edge. Y, todas las veces que me pongo a tratar de verlas, me quedo dormido.
El avance de las tecnologías, los increíbles nuevos efectos especiales, la liberación sexual, hace que el 007 ahora luzca desubicado, latoso y fome.
En la farándula es un espectáculo lamentable. Las jovenes que alguna vez llenaron de dinero a algunos canales, ahora, aunque se llenen de pinturas, tinturas, botox y siliconas, ya no entusiasman a nadie.
Aunque inventen
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