Por: Milton Sepúlveda
Nan’tok estaba satisfecho. Su vida no era
perfecta, pero tampoco podía quejarse, pues tenía todas sus necesidades
cubiertas. Si tenía hambre, tomaba algunas de sus lanzas con punta de piedra,
salía al páramo helado, y si tenía suerte (y puntería) podía derribar un mamut
o un rinoceronte lanudo de un solo tiro, aunque normalmente tomaba dos o tres. Cuando
necesitó un lugar donde vivir, buscó una cueva del tamaño apropiado a sus
necesidades, conminó a retirarse a su anterior inquilino (un león de las
cavernas), pero al negarse éste, fue necesario eliminarlo, ganando al mismo
tiempo un
... Leer más