Jorge Sigal, La Nación Buenos Aires
Ayer murió un hombre poderoso. Para un país que rozó varias veces la
línea de la desintegración, que no llegó a la madurez institucional
?expresión finalmente de la madurez colectiva, la posibilidad de vivir
sin padres omnímodos?, la noticia trasciende el plano emocional. Otra
vez, la Argentina se enfrenta a un dilema histórico. Porque Néstor
Kirchner tuvo la astucia de morirse sin completar el inevitable proceso
de decadencia que suele corroer a los jefes de hierro. Hasta ayer, la
política se dirimía entre quienes apostaban a la continuidad de lo que
se bautizó "el
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