Yo no soy ésta, tampoco aquélla.
Al menos ahora no.
Supongo que he dejado de ser yo en el instante exacto
( si es que existe tal cosa)
en el que me sentí irme.
Mi péndulo es magnífico en su atrocidad
me pervierte, me toma y me pierde.
Siento como me toma,
como ésa otra Macarena se ríe a carcajadas
mientras yo me rompo.
La otra soy yo.
Siempre soy yo.
Maldita ella, maldita yo.
Mi vida sin mí ha sido este ir y venir
estas constelaciones interconectadas
por sueños y presagios.
La Otra fue la musa
cuando era musa
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