Roberto Ampuero, El Mercurio
Cuando escribí mi primera novela policial, una agente
literaria europea me recomendó no seguir haciéndolo. En su opinión, los
lectores europeos y norteamericanos estaban sólo interesados en novelas
que representasen a la región mediante una narrativa de corte
mágico-realista, como la de los célebres Gabriel García Márquez o Alejo
Carpentier. No había espacio, creía ella, para latinoamericanos que
practicasen un género creado en el norte en el siglo XIX. Las tramas de
detectives, intriga y espías eran coto exclusivo de los autores del
Primer Mundo o de aquellos nacidos en las naciones enfrentadas en la
Guerra
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