Felipe Kast, El Mercurio
Conocí a María en Curanilahue hace casi quince años.
A pesar de las dificultades económicas y sus crecientes problemas de
salud, su sonrisa y empuje todavía iluminan las calles torcidas por los
cerros. Años más tarde, mientras pasaba un fin de semana en su casa,
sus ojos se pusieron húmedos. Estaba contenta con la visita, pero el
verdadero motivo de sus ojos brillosos tenía una génesis distinta, y
era fundamentalmente política. Al ver a Pedro, su nieto de 13 meses que
recién aprendía a caminar, se percató de que no tendría ni la mitad de
las
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