Agustín Ántola, La Nación
Hace algunas décadas los círculos intelectuales
expertos en asuntos humanos presentaron al mundo a una especie de
invitado de piedra llamado a actuar en el escaso espacio de poder de la
derecha política. Se trataba de algo tan simple como admitir que había
gente con apellidos comunes, que estudió en escuelas públicas, que no
disponía de una glamorosa historia familiar, pero dotada de una serie
de atributos para hacer mejor las cosas que varios integrantes del clan
ancestral.
Sociólogos y politólogos describen la necesidad de reconocer y
promover la meritocracia, voz no muy escuchada sino hasta
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