Marion van Renterghem, Jean-Pierre Stroobants y Olivier Truc, Le Monde
Hace diez años, a comienzos de 2000, los europeos armaban escándalo:
en Austria, el Canciller demócrata cristiano, Wolfgang Schssel, formaba
un gobierno de coalición con el partido xenófobo de extrema derecha de
Jörg Haider. Los dirigentes de la Unión Europea habían castigado a
Austria por unos meses con un boicot político de cuestionada eficacia.
Hoy, la arremetida del populismo es un fenómeno a gran escala en
Europa. La indignación ya no es el recurso: ¿cómo usar grandes palabras
cuando el caso particular de Austria se generaliza? La idea de
sancionar
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