Sombrero negro, camisa blanca, campera marrón y botas de montar. Un hombre vestía esas prendas y preguntaba por mí en el hotel. Era
Lucio Rojas, mi guía en el largo camino hacia Santa Victoria Este y mi anfitrión en su casa en Marca Borrada.
“Así que vos sos Alejandra”, me dijo con un tono tan amable que me daba vergüenza tratarlo formalmente. Pero no lo tuteé ni un minuto en todo el viaje.
“No vamos solos”, me comentó, y nos adentramos en las afueras de Tartagal para buscar a
Modesto Helguero, hermano de Ramón. Ambos cargaron sus instrumentos (bombo y
... Leer más