INCUBADORA DE PIEL
Casi desde los siete meses comencé a tener los síntomas de parto. Mis cuñadas decían que era normal y con guiño malicioso aseguraban que sus hijos también habían sido sietemesinos.
El caso era que yo no me había casado presionada en ese sentido y por esa razón debían sujetarme el niño con tan dolorosas inyecciones, molestosos supositorios y aburridoras indicaciones de reposo absoluto. Era un verdadero fastidio. Iba y venía casi todas las noches creyendo que era el momento, pero no.
Como no hay mal que dure demasiado, llegó el gran día cuyos preparativos, en aquella época,
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