El ruido que nos rodea me gusta de cierta forma, extrañamente me permite concentrarme en el, su cara es hermosa, varonil, miro esa chispa que parece habitar eternamente en sus ojos, sus labios, su boca, con ese gesto de desencanto que tan bien conozco y que he tratado una y mil veces de borrar.
Se que me desea, se que piensa que yo soy ingenua, y quizás tenga razón, el se dedica a hacerse daño y a vivir en su mundo de heridas, yo solo me dedico a amarlo, una idea que al parecer es incapaz de entender...
El toma
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