Cuando finalmente me decida, te voy a hablar.
No sé cómo, ni con qué pretexto
pero voy incrustar mi voz en el pliegue de tus orejas:
entre la carne y el sentido.
Ese día, sin preámbulos ni sinopsis mal montadas,
voy a pujar en tu boca todas esas palabras;
tercas e inmensas.
Sin importarme realmente nada salvo mi deseo caníbal
ese día voy a cruzar fibras en mi telar
-y sin miedo a que por la noche Penélope lo deshaga-
voy a hacerte parte de mí.
Para que sepas y olvides, para que tomes o recibas
mis órganos profanos y
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