1.
Nunca
empieces un libro hablando del clima.
Si sólo te sirve para crear
atmósfera y no es una reacción del personaje al clima, no debes usarlo
demasiado. El lector buscará las reacciones del personaje. Hay algunas
excepciones, claro. Si conoces más maneras de describir el hielo y la nieve que
un esquimal, puedes hablar del clima tanto como te dé la gana.
2.
Evita los
prólogos.
Pueden resultar molestos,
especialmente un prólogo después de una introducción que viene antes de la
dedicatoria. Pero en no ficción son muy habituales. En una novela, el prólogo
cuenta los antecedentes de la historia, pero no hace falta contarlos al
principio, puedes ponerlos donde quieras.
Siempre hay excepciones,
claro.
Dulce jueves de John Steinbeck tiene prólogo, pero me parece
bien porque es un personaje del libro que deja claras las reglas, que nos
(Leer más)