C.:
ETB
Octubre, 2008
Por estos días, está
siendo frecuente escuchar la expresión –atribuida a Ronald Reagan-
“el Estado no es la solución, sino el problema” pero no para
exaltar, como antes, las bondades del mercado como ente regulador de
nuestras vidas. Todo lo contrario, hasta los más fieles defensores
de la no intervención estatal en la vida de las personas,
especialmente desde las trincheras del capitalismo neoliberal, claman
por que el Estado salve sus economías. Y es claro, con una lucidez
admirable, algunos ven –como el presidente Sarkozy- que la idea de
que el mercado siempre tiene la razón ha resultado ser una idea
completamente loca y que el capitalismo tiene que ser regulado.
Nuestra historia
reciente, en Chile, nos ha permitido experimentar con el rol del
Estado en forma extraordinaria. En los últimos 50 años lo hemos
visto
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