Recuerdo esos días de juegos interminables,
sin mal y piedad.
Ya los anhelos con deseo,
con llantos y de querer más.
Los guarde en aquel cajón,
donde aguarda mi verdad,
que me espera
para salir a cazar...
Sinceramente en este mundo ya no queda la felicidad,
si no misterios con mucha crueldad.
Me vestire de blanco,
para que me llames paz.



