O mi vida sin azúcar....
He dejado el azúcar refinada. Como quien deja después de años un mal amor. De esos que sabes que nada aportan a tu vida y mantienes por inercia, por inseguridad. Que cuando te miras al espejo sabes que no quieres en tu vida, pero no haces nada. Como lo poco inteligente que es comerse una bolsa de
Frugelé escribiendo un informe complicado y urgente. Como lo insalubremente delicioso que es un pote de
La Cremería leyendo Cosmopolitan wa ja ja.
El chocolate de las 4 de la tarde, el quequito de las 11 de la mañana. He roto el círculo vicioso de la fluctuación anímica y la concentración regulada por el dulce placer culpable.
Como quien sale de una situación autodestructiva, costó tomar la decisión. Pero el resto se fue por un tubo. Meses sabiendo
(Leer más)