Tómelo y mójele la cara, si el llanto y/o pataleta sigue amenácelo con dejarlo sin su pasatiempo favorito, tele, juegos, cumpleaños futuros. Si los argumentos no sirven y el monstruo sigue gritando, llorando y arrojando cosas, tómelo y déjelo confinado en su jaula, en este caso dormitorio.
Si ninguna de las alternativas anteriores funciona y sigue gritando por que no quiere hacer las tareas y continua con los ojos desorbitados, arrojando espuma por la boca y golpeando juguetes, cuadernos, y usando las zapatillas de proyectil, tómelo nuevamente y déjelo fuera de su casa, o sea en el patio.
Deje que grite, llore y practique su mejor imitación de alien. Cuando se calme o se agote, déjelo entrar, invítelo a lavarse la cara y a sonarse los mocos.
Si siente que ha logrado domar al monstruo intente que haga su tarea.
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