Tengo stress post vacaciones y la sintomatología mas evidente es un desanimo extremo para lo cual no hay cura. Ayer fue el último día de playa y contrario a lo que la imaginación evoca; playa, mar, guatita al sol, estuvimos todo el bendito día ordenando, guardando, estropajeando, barriendo y definitivamente inmaculando la cabañita, borrando todo resto de vida veraniega. No quedó un gramo de arena, ni una hormiga, ni el más mísero representante orgánico. La casa quedó desolada y brillante. Por supuesto que la prefiero desordenada y llena de vida.
Ahora estoy en trámites de la segunda parte, la llegada a Santiago con ciento un bolsas y bolsos con ropa digna de semanas de remojo, con la casa patas para arriba, con mis perros que demandan caricias y baño de tina. Con cuentas pendientes y trámites varios, todos y cada
(Leer más)