El Endemoniado de Chillán, después de un prolongado silencio, cree haber descubierto ciertas verdades valiosas que quiere comunicar. Ve sus manos llenas y quiere descargarse. Cree que hablar de estas cosas bien puede valer la pena en Chillán.
En realidad, más que verdades, cree haber descubierto ciertas creencias que, vista la confusión imperante entre verdad y falsedad, no cree que deban ser consideradas falsas, sino que más bien peligrosas - lo cual muestra que tienen, de una manera torcida, algo de verdad (aunque, pensándolo bien, eso mismo permitiría decir también que tienen algo de falsas).
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Murió Herman
Dice El Endemoniado de Chillán: ustedes, habitantes del atajo, ¡presten atención! Ustedes que redondean todas las esquinas. Ustedes que esperan beberse el vino antes de plantar las parras. Ustedes que apuran la oración, la copa y el sexo. Ustedes que cruzan a mitad de calle. Ustedes, fauna de cortada. Ustedes, expertos en conseguir mucho por poco. Ustedes que elijen lo lejano y delgado por sobre lo cercano y valioso solamente cuando se trata de un hilo que cortar.