Recuerdo esa noche de agosto cuando supe la noticia. Hacía frío, pero nunca pensé que mi cuerpo fuera a congelarse al enterarme que mi padre había sido tomado por la policía.
Mi madre estaba en el piso, llorando, últimamente era su deporte favorito y el mío a cuestas era cuidar a mis hermanos.
Al decirle a mi hermano, pensé que podría sentirme más aliviada, pero no pasó y él desató su ira contra mí. Su mano derecha apretó sus dedos y se deslizó sobre mi ojo sin razón aparente.
Fui la que le contó lo sucedido pero no la culpable.
Mi hermana menor quedó inmóvil, inverosímil, sin poder decir palabra. La abracé fuertemente, luego de gritarle con furia a mi hermano.
Era verdad, mi padre había sido tomado preso. Estaba reflexionando, tratando de pensar el porqué y qué pasaría, cuando
(Leer más)