Un día el Silencio arremetió con toda su fuerza y la Vida no se supo
comportar como una dama... El silencio la escuchaba, la visitaba, le
daba sus bendiciones, sus caricias, sus ternuras, la escuchaba entre el
susurro de las hojas de primavera y la Vida se hacía la sorda.
Un día la Vida despertó de ese sopor de sordera inventada, se hizo
mujer, y creyó escuchar en el Silencio a un hombre increíble... pero se
dijo "no puede ser, el silencio no habla, es una ilusión más que me ha
parecido escuchar"...
Otro día la Vida caminaba sola por el infinito y nuevamente creyó
escuchar al Silencio que la acompañaba. Se dio vuelta, miró a su
alrededor, y el Silencio sonreía a escondidas mirándola,
observándola... y la Vida, convencida de sus ilusiones, siguió
caminando...
Al Silencio le gustaba dormir
(Leer más)