"Pateamos la tierra suelta, como se hace en los cementerios con los
muertos. Con la certeza que miles de ojos ciertos quedaban mirando
hacia el cielo, llenos de palabras dichas y faroles de verdad
escondidos para esta pausa larga y sin medida de patria apagada."Bajo
un sol tibio de septiembre, mientras algunos vigilaban la extensa reja
de madera haciendo las veces de atalaya, los demás cavaban un gran hoyo
en medio del patio que iba acrecentando su cráter para llevar a dormir
una enorme cantidad de libros, acusados y condenados por tener según
ellos, letras subversivas. Casi todos eran autores prohibidos, revistas
de militancia, folletines, breviarios, algunos con empaste de lujo y
otros de amarillento roneo. Cuando la profundidad estuvo terminada,
porque de igual manera ya comenzaban a asomar piedras, era imposible
seguir cavando. Se cubrió toda la superficie de
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